martes, 25 de julio de 2017

Caricias en el agua


El agua es un elemento primitivo que proporciona sensaciones placenteras, acaricia los cuerpos que se mueven con serenidad, mientras  disfrutan de su efecto relajante a la temperatura escogida. Pero jugar en el agua tiene, también, sus inconvenientes. En este artículo, que escribí para Sexologies, vuelvo a un tema recurrente en el blog. Estas son algunas sugerencias para disfrutar del sexo acuático sin accidentes.

La antropóloga Pilar Cristóbal lo explica así: «Además de que el agua en España es sinónimo de diversión y vacaciones, en todos los lugares sagrados hay agua. Es un elemento mágico y de vida. Los humanos, desde tiempos ancestrales, nos hemos reunido en torno al agua y el fuego. La cultura musulmana describe el paraíso como un jardín por el que discurren dos ríos: uno de leche y otro de miel. A un nivel subconsciente, el agua remite al líquido amniótico del estado fetal. Los científicos aseguran que el mapa erótico, ese imaginario simbólico en el que se van registrando las fantasías y pulsiones eróticas, se conforma a partir del cuarto o quinto mes de gestación y finaliza a los cuatro años. En esa memoria subconsciente se van almacenando recuerdos placenteros que excitan nuestra libido. Sin duda, el agua y el calor son elementos determinantes de felicidad».
Pues bien, ese contexto de felicidad puede recrearse en los cuartos de baño y librarnos del incordio de la arena que, aunque los revolcones en ella queden muy idílicos en las postales de islas paradisíacas, provocan no pocas rozaduras.



Cosquillas de espuma

Un baño relajante es una de las mejores recetas para eliminar el estrés y deshacerse de energías negativas después de un agotador día de trabajo. Si a ello añadimos el placer de la masturbación lenta y submarina, habremos fabricado el ansiolítico perfecto y sin efectos secundarios dañinos, incluso antes de un encuentro sexual con la pareja.
Tanto el momento del baño como el de la ducha nos proporcionan una ocasión estupenda para entrenarnos en el automasaje, vencer la impaciencia y aprender a tocar al otro como te gusta que te toquen a ti. Y si lo disfrutas en compañía, la espuma proporciona sensación de semidesnudez, te acaricia al resbalarse por la piel. Los cuerpos adquieren también cierta sensación de ingravidez, con movimientos diferentes a los habituales, se hacen más fáciles, ralentizados y relajados. Es la creación de un nuevo baile sexual.
En la intimidad de nuestro cuarto de baño podemos despertar otros sentidos de los que a menudo nos olvidamos en el sexo porque casi siempre nos centramos en el tacto, sentidos como el olfato. La nariz femenina es dos mil veces más sensible que la masculina, las mujeres suelen responder mejor que los hombres a los estímulos olfativos que despiertan el deseo de comernos entero un cuerpo apetitoso, aunque a ellos también les pasa. Diversos estudios de química, psicología y otras ciencias ponen en evidencia la estrecha relación que existe entre el olor corporal y nuestra sexualidad. En realidad, hace cientos de años que el ser humano ha aprendido el efecto que tienen los aromas sobre su estado emocional, y se utilizan para relajarse o excitarse y potenciar la energía.
A las sales y aceites aromáticos, añade una iluminación íntima con unas cuantas velas, una música que os guste a ambos, una copa de cava o la bebida que os apetezca, algo de fruta incluso, y ya está todo listo para iniciar la noche o un fin de semana destinado al erotismo.



Penetraciones, no

Sin ánimo de aguar la fiesta a nadie, hay que apuntar que no es recomendable hacer de todo lo que se nos antoje en los entornos acuáticos. Esta es la propuesta de una treintañera diplomada en turismo: «Estoy en la bañera con mi chico. Froto su cuerpo con agua y jabón, al tiempo que él lo hace conmigo, de arriba abajo, por el cuello, la espalda, los brazos, la cintura, la pelvis, las piernas. Con los dedos deslizándose dentro de la vagina...» Pues bien, aquí tenemos que detenernos, porque, por muy húmeda que nos parezca la situación, el agua no es el mejor contexto para llegar a las penetraciones.
Aunque parezca contradictorio, el agua seca nuestros genitales, porque elimina los jugos que fabrica la vagina para mantenerla lubricada, por lo que se puede tener serios problemas para que te penetren en la bañera. Y ni te cuento si se utiliza un preservativo. Es imposible. Puede ponérselo fuera y regresar a la bañera, a la piscina o al mar, claro, pero las filtraciones del agua no garantizan la seguridad.
Por ello se recomienda jugar en el agua o alcanzar el orgasmo sin penetraciones, de lo contrario es mejor acabar la sesión en tierra firme.


Bajo los chorros

Enseguida viene a la mente el legendario informe Hite, que en 1976 dio a conocer que eran legión las mujeres que llegaban al orgasmo acariciando su clítoris con el chorrito de la ducha. También son muchos los hombres que escogen ese momento matinal para masturbarse.
Una ducha conjunta es una buena propuesta si vas a tener sexo con alguien que acabas de conocer, o si habéis comenzado la relación en un local nocturno, cargado de humo de tabaco y después de horas de baile. Ambos os sentiréis más cómodos si os despojáis de ciertos olores. Precisamente por los reparos que tienen muchas personas a causa del olor y sabor de sus genitales —especialmente las chicas—, bajo la caricia del agua podemos despojarnos de tales escrúpulos y practicar el sexo oral o permitir que nos concedan ese regalo.
¿Otras propuestas en la ducha? Los más valientes pueden probar algo más que las caricias de la esponja enjabonada y de la lengua, pero se puede acabar la escena como en la novela Por los pelos, de Marian Keyes: «Katherine se apoyó contra los fríos azulejos de la pared y enlazó las piernas alrededor de la cintura de Joe, que volvió a penetrarla. Por unos instantes de auténtico éxtasis permanecieron estrechamente unidos, con los dientes apretados de deseo, mientras él se restregaba rítmicamente contra ella. Hasta que él resbaló en la bañera húmeda y los dos cayeron al suelo, donde, despatarrados y todavía abrazados, rieron a carcajadas».
Es lógico que la escritora no quiera estropearnos la escena con la rotura de una pierna o un accidente más grave, pero a cualquiera se le pasa por la cabeza, ¿verdad? Con razón Joe regaló a Katherine una alfombrilla antideslizante para el baño. Algo que no debería faltar en el tuyo si quieres poner en práctica escenas similares.



Aguas termales

No se sabe bien si los juegos del emperador romano Tiberio César durante su retiro en Capri son ciertas o se trata de rumores vertidos por sus enemigos, el caso es que estos han disparado la imaginación erótica de muchos. Una de esas historias relata que unos jóvenes que tenía a su servicio debían introducirse en la piscina natural con el gobernante y bucear a su alrededor intentando chupar y morder suavemente sus genitales.
Antes del Imperio Romano y después, en casi todas las civilizaciones, se han utilizado las aguas termales para recrear escenarios propicios al erotismo: el estanque de un harem, el baño turco, las saunas gays en la actualidad...
Si prefieres la intimidad, puedes disfrutar de los estimulantes hidromasajes si te has concedido el lujo de instalar una bañera de este tipo o un jacuzzi en casa, y también si te regalas una escapada a un hotel en cuyas habitaciones puedas disponer de uno.
El cosquilleo de las burbujas es un estímulo adicional, pero recuerda que el exceso de calor puede causar una bajada de tensión, y que los juegos apasionados pueden volver la temperatura sofocante.

Flotación

Desde hace unos años han proliferado en España los llamados «centros de flotación y aislamiento sensorial» o flotariums. La flotación es una terapia con la que el cuerpo alcanza un estado de ingravidez absoluta, sin estímulos externos, como si regresaras al seno materno. Se consigue gracias a una cámara que, por su forma, nos recuerda a una pequeña nave espacial, donde se ha introducido una solución de 25 centímetros de profundidad, con los litros de agua y kilos de sulfato de magnesio necesarios para que la densidad del líquido sea igual a la que existe en el Mar Muerto, lo que te permite flotar y alcanzar la ingravidez de un astronauta en el espacio. Pierdes la noción del peso de tu cuerpo y tienes la sensación de que este desaparece, que se diluye en el agua, cuya temperatura es idéntica a la de nuestra piel. Reduce el estrés, la tensión muscular, los problemas de insomnio, la ansiedad y los dolores crónicos.
Algunos de estos centros disponen de tanques de mayor capacidad que están pensados para compartirlos con la pareja, lo cual es una manera original de cambiar los juegos preliminares y desconectarse juntos del acelerado ritmo con el que han afrontado el día. La experiencia finaliza con una ducha para eliminar la sal que ha quedado en el cuerpo.



En el exterior

Y, por supuesto, no podemos olvidar el escenario que nos ofrecen las playas, especialmente las calas más recónditas. Cada vez son más los que prefieren disfrutar del cálido mar durante los atardeceres y a comienzos del otoño, y si no, hacerlo al aire libre escuchando el relajante sonido de las olas cuando llegan y se retiran de la orilla, y el aroma salado.
En este bello entorno hay que tener especial cuidado con la arena, que puede provocar erosiones en las paredes vaginales y en el delicado tejido del pene.
Un último apunte para los que gustan del sexo sin un techo que los cobije: probad a hacerlo bajo la lluvia, mientras una cascada de agua recorre la piel y humedece la ropa que se pega al cuerpo. ¡Y cuidado con los resfriados!

https://www.smashwords.com/books/view/720631


lunes, 3 de julio de 2017

¿De quién nos enamoramos?

Mi madre me dijo una vez que estaba muy enamorada de Gregory Peck. Y se casó con mi padre.
Y tú te estarás preguntando qué diablos insinúo, que, por más que mires las fotos, no encuentras el parecido por ninguna parte.
Pues no, no se me ha ido la olla. Yo también distingo entre esos hombros estrechos de Greg y la espaldota de mi papi, de quien, cuando las vecinas de mi madre lo veían venir, siendo novios, decían: «Ahí llega el armario de cuatro puertas».
Recordé esta confidencia materna mientras leía Matar a un ruiseñor, y pensé en las muchas veces que Gregory Peck interpretó a personajes honestos como Atticus Finch, el abogado para quien la justicia, más que un deber, era una pasión. No ha sido hasta estos últimos años que mi padre nos ha contado cómo se embarcó con dieciséis años porque no soportaba más el caciquismo que reinaba en su aldea. Y, también, cómo siendo ya patrón de pesca, tuvo que defender los derechos de quienes trabajaban en el barco frente a los abusos de cargos superiores. No lo cuenta con arrogancia, no lo cuenta por presumir. Lo cuenta como si necesitara recuperar recuerdos en tiempos como estos en los que ya no le cabe más indignación. Lo cuenta, a veces, como si hablara para sí mismo. Cosas de hacerse mayor, supongo.
Pues la verdad es que así, con las gafas y tal, sí le encuentro el parecido a mi padre, sí.
Puede que en una época como la que vivimos, con películas, novelas y series de televisión en las que triunfan los protagonistas canallas, los malotes, los machistas, los tipos con trastornos que se liberarán de sus sombras gracias al amor de una protagonista sin pizca de autoestima, en la que arrasan las historias de «aguanta el infierno, nena, que al final tendrás tu príncipe azul»… Puede que en esta época, decía, sea difícil entender que hay mujeres capaces de enamorarse de virtudes como la honradez o la generosidad, de hombres dispuestos a atender a la casa y a los hijos cuando regresan del trabajo, de hombres con un sentido del humor sano y no del que gasta bromas pesadas, de hombres ingeniosos y no de pedantes. Y, sin embargo, estas mujeres también existen. Mujeres para las que no hay nada más viril que un hombre así, nada más excitante que la integridad, que no hay macho más Alfa que el que lucha por ser fiel a sí mismo, a sus valores, a sus principios.
Que el modelo de relación que mantiene una pareja sirve como ejemplo para sus hijos, ya sea de amor verdadero, de odio mutuo o de maltrato, es una realidad. Lo aprendí cuando descubrí el concepto del «mapa del amor», y al que he hecho referencia en libros como Él está divorciado. Ese mapa es una especie de guía que nos conduce a caer rendidos de amor por un tipo de persona, un patrón que se dibuja con pinceladas de gente que hemos conocido y que han sido importantes para nosotros, especialmente durante la infancia y la adolescencia, con sus aspectos positivos y negativos. De poco sirve lo que intenten inculcarnos con sermones; aprendemos a actuar con los demás viendo cómo actúan los adultos que cuidan de nosotros.
Así lo confesaba Carol, una de las protagonistas de Alas negras y chocolate amargo:
«La vida tenía que ser mejor que aquello. ¡Tenía que serlo! Esperaba que el brillo de unos ojos se me llevara el alma en volandas. Sabía, creía saber, que sólo podía enamorarme de un hombre que fuera menos corriente que los demás, como me parecía que era mi padre, y a todos los chicos los veía vulgares, ordinarios, incluso aquellos por los que babeaban mis amigas del instituto. Detestaba el mundo por no ser como lo había imaginado, por ser profundamente soso y aburrido, de una insipidez exasperante. Aunque me avergüence confesarlo, ese desprecio con que contemplaba a los demás me hacía sentir superior, y al mismo tiempo desgraciada.»
books2read.com/u/baP7Q8
Te puedes equivocar, por supuesto, porque, como dijo el sabio, cada cual es él o ella y sus circunstancias. Y las circunstancias de Carol Luján —una adolescencia sin amigos, marcada por la muerte repentina del padre— eran las propicias para fijarse en la persona equivocada.
Y cuando nos equivocamos, como se equivocó Carol, ¿qué hacemos después de una ruptura, corregimos o volvemos a caer en el error? Ernesto, el protagonista de la novela Como la seda, corrige: su nueva pareja, Gloria, se aparta mucho del modo de comportarse de su exmujer. Su mapa del amor se alteró, algo que puede ocurrir cuando aprovechas la experiencia de una mala relación, la contemplas con la perspectiva adecuada, y descubres cuáles son los errores que cometiste para no repetir esos fallos. No se trata de autoflagelarte, sino de conocerte para saber qué papel desempeñabas en esa relación, y quién quieres ser a partir de ahora.
Y así es como, además de hablar de mis libros (no he disimulado muy bien, ¿verdad?), intento convencerte de que puedes modificar un mapa del amor equivocado, corregir el rumbo. Una última sugerencia: si dejaste de querer a alguien de ese manera especial pero fue una historia que valió la pena vivir, si ha dejado de ser ese tipo de amor que sostiene una pareja pero conservas el aprecio, no te desprendas de esos planos, plastifícalos y trátalos con cariño, porque te seguirán siendo muy útiles para continuar este viaje que llamamos «vida».

jueves, 22 de junio de 2017

Romance, sexo y un cálido verano


El calor nos perturba, la luz solar estimula el deseo y las horas que dedicamos al ocio reducen el estrés y nos animan a hacer nuevas amistades. Unos viven el verano con la ilusión de encontrar un amor, otros solo quieren aprovechar el momento.


Comenzamos a desprendernos de la ropa que nos abriga y los ojos se desvían, aunque no les hayamos dado permiso, hacia escotes al aire, piernas en pantaloncitos cortos, brazos fornidos y, como hay gustos para todo, hacia el vello oscuro y ensortijado que asoma entre el tejido de la camisa desabrochada de algún pecho-lobo.
Ha llegado el verano y con él las ganas de salir a la calle, de ocupar las terrazas en compañía de los amigos y una cerveza, de escuchar conciertos al aire libre, de alargar las horas de ocio hasta la madrugada aunque aún no estemos de vacaciones. En definitiva, nos volvemos más sociables, con lo que aumentan las posibilidades de iniciar relaciones o de disfrutar del sexo ocasional. De hecho, en estas fechas se incrementa el uso de preservativos, sobre todo entre personas sin pareja estable. Además casi todos nos lanzamos a la operación biquini, la de quitarnos los quilitos que nos sobran, apuntarnos al gimnasio, someternos a tratamientos corporales que vuelva más tersa la piel… Queremos gustar, atraer las miradas.
A esta actitud social se asocian personajes como el que se queda «de rodríguez» y ve el terreno libre para seducir a la turista, a la secretaria o a la vecina. ¿Quién no recuerda La tentación vive arriba y a Marilyn Monroe guardando su ropa interior en el frigorífico para aliviarse del calor de agosto? También muchas mujeres aprovechan la oportunidad para echar una cana al aire cuando el encuentro se produce en el extranjero. Algunas de ellas entienden estas aventuras como «infidelidades de las que no cuentan», porque al suceder en otro país no tiene por qué afectar al vínculo con la pareja.

Durante el periodo vacacional muchos se atreven a experimentar en las relaciones sociales, a desempeñar otros papeles y deshacerse de la timidez si saben que esas personas volverán a su ciudad, que no se verán afectados por las críticas y juicios de los vecinos, y que pueden actuar con menos temor a equivocarse y perder una relación de larga duración.

Expuestos al sol

Además de broncear la piel, la luz solar tiene efectos sobre el metabolismo humano que explicarían, en parte, que estemos más receptivos a los estímulos eróticos y al comportamiento apasionado. El sol es un afrodisíaco natural, a la luz responde la testosterona, hormona masculina que también se encuentra en el organismo femenino, y que interviene en el despertar del deseo sexual. Tras unos meses luciendo palmito en terrazas, playas, camping o paseos marítimos, la testosterona alcanza sus niveles más altos hacia el final del verano.
Junto a la alimentación adecuada y el ejercicio físico, la luz también favorece la segregación de hormonas relacionadas con el placer, puesto que son antidepresivos naturales: la serotonina y la endorfina. Otra hormona relacionada, sobre todo, con la atracción física, es la feromona. Es una sustancia que emitimos y que capta el olfato, aunque no huele, y que segregamos con más intensidad en los meses estivales a modo de llamada o reclamo. Ojo: para segregar feromonas no es necesario sudar más de la cuenta, ni mucho menos dejar que el olor corporal sea desagradable.
Además, el calor acelera el fluido sanguíneo, la piel gana en sensibilidad. Aunque también dificulta la irrigación de los músculos y el sistema nervioso central, lo que explica que medio país se deje vencer por la costumbre de la siesta. ¡A ver quién encuentra el impulso sexual a más de cuarenta grados! Cuidado, pues, con las comidas copiosas que restan más energías aun.


Carpe diem

La visita a otra parte del planeta, puede suponer la realización de alguna fantasía con personas de otras razas, otro color de piel, otro acento… Gracias a un cambio de ambiente o de lugar algunos tímidos se atreven a comportarse de forma más desinhibida. No les conocen y pierden el miedo a que juzguen su conducta. Es muy corriente, aunque se viaje con la ilusión de conocer a alguien que nos atraiga, que no se nos ocurra meter un paquete de preservativos en la maleta, y luego, cuando aparece la ocasión de ligar, no se quiere perder. Los turistas pueden ser un grupo de riesgo.
Los adolescentes descubren los primeros sentimientos, las primeras caricias, los primeros besos, y casi siempre el dolor de la primera y amarga despedida. Y hay quien de todo eso no le queda más que un borroso recuerdo o la amnesia temporal por haber salido del botellón al borde del coma etílico. Además de alterar el pensamiento y la coordinación de movimientos, el consumo masivo de alcohol dificulta la erección y la lubricación vaginal.
Muchos jóvenes eligen la playa para mantener su primera relación sexual. Un paisaje idílico, quizá, pero incómodo por los roces de la arena y el efecto secante que tiene el agua en la zona genital.
Volviendo a los romances estivales, aunque se haya combatido la deshidratación con bebidas no alcohólicas, la necesidad de vivir el momento se intensifica. Tras quedar deslumbrados, las cortas vacaciones no dejan tiempo para la rutina, la pasión es extrema, la entrega total, y lo que tendría que plantearse como un ligue sin otro objetivo que disfrutar de la compañía, se siente como algo más profundo y duradero. Aunque ese error no es propio, solo, de gente joven: «Hacía poco que me había separado del padre de mi hijo cuando tuve ese rollo en el mes de junio. Le advertí que no estaba para enamoramientos, y fui yo la que me enganché. En cambio, para él fue solo una historia más», reconoce una mujer de 32 años.
Muchos singles —los que no tienen pareja— esperan encontrar durante estos meses al hombre o la mujer de su vida. ¿Qué hacer para no confundirse y evitar la diferencia de expectativas ante el affaire? «Es mejor prevenir que sufrir», responde Montserrat Ribot, psicóloga y coach. «Es bueno estar abierto a conocer a gente, pero esa persona puede convertirse en un nuevo amigo, sin más. Hay que ir despacio y descubrir en las conversaciones si busca lo mismo que tú. Si no hay más que una atracción sexual y estamos seguros de que puede controlarse, que uno no se va a involucrar emocionalmente más que el otro, ningún problema. De lo contrario, el coste de aprovechar la oportunidad puede ser muy alto».
Cuando la ilusión de disfrutar de las vacaciones en compañía amorosa se trunca, los que regresan con esa frustración buscan otras vías para topar con el amor de su vida, como las agencias matrimoniales, que ven crecer la demanda de sus servicios en septiembre y después de navidades, según informa M. Carme Banús, directora de Samsara.


Demasiadas vacaciones

Aunque aparentemente toda la población las esperan con ansiedad, para algunos las vacaciones estivales y las de cualquier otra fecha resultan excesivamente largas: los adictos al trabajo y los que tienen conflictos conyugales. A veces una misma persona sufre ambas problemáticas. De hecho, una adicción al curro puede esconder, quizá de modo inconsciente, una estratagema para huir del hogar familiar.
Las parejas estables se enfrentan a pasar más horas juntos, con los consecuentes roces que pueden producirse cuando el carácter se irrita por efecto del calor. Si, además, se aprovechan las vacaciones para visitar a la familia, como en los casos en que el padre o la madre vive lejos, hay que adaptarse a las costumbres ajenas, compartir habitaciones o dormir demasiado cerca de los demás. Se pierde intimidad, surge el miedo a que escuchen los ruidos del somier y los horarios de sueño se trastornan. Los días que deberían ser de descanso se convierten en un suplicio, la frecuencia de actividad sexual se reduce, y a menudo se suple por la bebida y la fiesta. A todo ello hay que sumar el estrés que pueden provocar los niños, propios o ajenos, en parejas que no están acostumbrados a ellos o que entienden la educación de distinto modo.
Septiembre es uno de los meses con mayores índices de rupturas y también aumentan las visitas de terapia sexual y de pareja.
¿Cómo evitar conflictos? Francisca Molero, directora del Institut de Sexologia de Barcelona, ofrece algunos consejos: «Hay que arreglar los problemas antes de salir de vacaciones y empezarlas sin reproches, con saldo cero. Si hay niños o se va a pasar parte de esos días con la familia, la pareja tiene que procurar regalarse, como mínimo, una semana para ellos solos, un tiempo para compartir, hablar, pasear y mantener relaciones sexuales. Es una manera de reencontrarse, de recordar porqué motivo están juntos, en definitiva, de reenamorarse. También han de afrontar las vacaciones con la actitud de disfrutarlas a pesar de los contratiempos, echar mano del sentido del humor para relativizar y tolerar los roces cotidianos».

Cuando se hace una ruta turística con la intención de ver todo cuanto sea posible en corto tiempo, la pareja suele llegar demasiado cansada al hotel, aunque sea de cinco estrellas y con jacuzzi en la habitación. «Pero también hay vacaciones que se disfrutan sexualmente al máximo», recuerda la doctora Molero. «Las parejas estables también suele aumentar la actividad sexual porque dedican más tiempo al ocio y duermen menos. Cuando se llevan bien, son vacaciones en las que perciben el erotismo, el placer, aprovechan cada instante que pasan juntos y la vida sexual se reactiva a pesar del autocar, el cansancio y la pesadez de la mochila».
En estos días más largos, nada mejor que recuperar ese tiempo perdido durante el oscuro invierno e invertirlo en fortalecer la vinculación erótica y amorosa con la pareja.

martes, 6 de junio de 2017

Papá también existe


Así lo contaba una de mis colegas:

«"Si vuestra pareja va a estar estorbando durante la baja paternal, más vale que se vaya a trabajar". Este es el indignante comentario salido de la boca de una matrona durante la clase de educación maternal de hoy. Y se ha quedado tan ancha mientras la mayoría de las futuras mamás le reían la gracia. Yo no. A mí no me ha parecido que dar por sentado que un hombre es un inútil como padre por defecto tuviera nada de chistoso Es más, lo he encontrado injusto, sexista y tremendamente ofensivo. Lo he dicho y lo repetiré hasta la extenuación: el embarazo, el parto y la crianza es cosa de dos. Los papás no son niñeras, ni "ayudan" a las mamás, ni son los recaderos o las señoras de la limpieza del hogar mientras dura la baja. Los papás tienen el mismo derecho a estar. Tienen instinto. Y saben cuidar de sus hijos. Pueden. Deben. Aunque no paran o den el pecho. Así que, a ver si empezamos a educarnos un poquito más y dejamos de verlos como actores secundarios, porque no».

No es un comentario de hace treinta años, ni de diez. Lo escribió la semana pasada en su perfil de Facebook.

El poeta estadounidense Robert Bly, que desde hace dos décadas se ha convertido en la inspiración de los «grupos de hombres» que buscan una nueva masculinidad, considera que la ausencia del padre ha generado en el hombre este sentimiento de pérdida de su propia identidad: «Con el trabajo y la “revolución informática” se empezó a desintegrar el lazo entre padres e hijos. Si el padre sólo pasa en el hogar un par de horas cada tarde, los valores de la mujer, maravillosos como son, serán los únicos valores domésticos. Se podría decir que hoy por hoy el padre pierde a su hijo a los cinco minutos de su nacimiento».
Para la psicóloga Gemma Salamanca «el acercamiento del padre al hijo es positivo para ambos: el hijo necesita de la presencia del padre, pero este también descubrirá cosas de la relación con su hijo que desconocía y una parte de sí mismo que permanecía escondida».


Quedan pocos días para la llegada de las vacaciones escolares, y, señores que se refugian en sus cuevas, hagan el favor de salir que se necesitan refuerzos.
El hombre que asume su paternidad consigue que todos los miembros de la familia salgan ganando. ¿Cómo? Así lo indican los terapeutas familiares:
➤ Libera a la madre del peso que conlleva la crianza de un hijo bajo su absoluta responsabilidad y puede disponer de tiempo para no abandonar sus ambiciones profesionales.
➤ El vínculo exclusivo madre-hijo se rompe con la integración del padre en el núcleo familiar.
➤ Si la madre renunció al trabajo para dedicarse a la crianza (o la invitaron a marcharse con una bonita carta de despido), el padre conecta al hijo con el mundo exterior y permite que el pequeño no tenga miedo de lo que existe «más allá de su hogar».
➤ El padre descubre que su vida profesional no es lo único que lo define como varón, que existen otras facetas en su vida, fundamentales para mantener su equilibrio emocional.
➤ La niña que mantiene una estrecha relación con su progenitor no temerá al sexo opuesto cuando alcance la edad adolescente. El afecto que recibe de un padre protector garantizará una exitosa vida sentimental en su futuro. (Por cierto, que sobre este asunto estoy preparando otro post).
➤ El niño varón que tiene un padre cercano y accesible se mantiene en contacto con su identidad masculina y no ve a su propio sexo como algo oscuro y extraño.
➤ La relación de pareja no se ve tan afectada por la llegada del bebé. Padre y madre trabajan estrechamente, ambos disfrutan de sus hijos y nadie se siente excluido.
➤ El padre tiene la oportunidad de descubrir que la paternidad es una experiencia gratificante, quizá mucho mayor que su trabajo.
Volveré a publicar sobre los papás que se implican en las tareas de crianza más adelante. Y, ahora, permíteme que te presente este libro sobre las mamás trabajadoras:


relinks.me/B072PCRS9W

martes, 30 de mayo de 2017

Vacaciones con la familia... de tu pareja


Porque es la única oportunidad que tiene tu pareja de ver a sus padres durante el año. Porque echa de menos ese rincón del mundo en el que nació y vivió su infancia. Porque el presupuesto no da para mucho más, y el alojamiento sale gratis. Porque son las fiestas de su pueblo. Porque vuestros hijos jugarán con sus primos… Son muchos los motivos que animan a planificar unas vacaciones en casa de los parientes. Pero, ¿y si las relaciones con la familia política no suele ser para tirar cohetes? ¿Hasta qué punto vale la pena sacrificarse?
Aunque la suegra es el blanco de muchos cómicos, para la nuera, no suele ser un chiste. Nuestro refranero está repleto de sugerencias para mantener las distancias con la familia, pero los vínculos son fuertes y más de una pareja se ve afectada por conflictos que, a menudo, se llevan a la cama. Y si hay que pasar con ella unos días de nuestras cortas vacaciones, estas pueden convertirse en una olla a presión.

Desde hace décadas, los terapeutas saben que muchos de los conflictos sexuales de una pareja se originan fuera de la alcoba, como los asuntos económicos, los desacuerdos en proyectos vitales, la incompatibilidad de caracteres o... las intromisiones de la familia, fuentes de ansiedad que confluyen en la pérdida de deseo u otras disfunciones. Algunas suegras han acusado a sus nueras de adictas al sexo que abusan de su hijo o acostumbran a entrar en el dormitorio conyugal sin llamar a la puerta cuando pasan unos días en casa de los jóvenes. De verdad, me lo han contado.
Las desavenencias que se gestan entre los consortes a causa de parientes que se inmiscuyen más de la cuenta suelen provocar confusiones, enfados y dolor en uno y otro, conduciendo, incluso, al resentimiento y la hostilidad entre ellos. Las soluciones pasan por un trabajo a realizar que no finaliza en cuestión de días. Y precisamente porque el camino es largo, ya va siendo hora de dar el primer paso, en lugar de negarse a mantener relaciones sexuales para castigar al otro. Una dinámica en la que, lamentablemente, caen muchas parejas.

Invasiones

«Desde que tuve a la niña, a mi suegro, que está jubilado, le da por venir a verla por las mañanas. Entra con la llave de mi piso que les dejamos por si pasaba algo. Igual me pilla en la ducha, con todo por hacer, y encima me critica por desordenada» (Belén, 31 años). Es un ejemplo de la necesidad de poner límites a padres y suegros, del mismo modo que se hace con los niños.
Ya hablé en otra entrada de este blog, sobre los múltiples ardides que utilizan algunas madres para intentar ponerse al mando e inmiscuirse en la vida de la pareja. Maneras de invadir el espacio íntimo y asumir el control.
«Yo tuve que ponerle el freno a mi propia madre, que quería limpiar en mi casa mientras yo estaba en el trabajo», explica Lourdes. «Mi suegra, en cambio, no necesitaba quedarse a solas para registrarme. Veía el correo sobre la mesita y abría nuestros sobres ante nuestras propias narices. Yo creía que la forma en que se comportaban mis suegros cuando éramos novios cambiaría desde el momento en que nos casáramos y tuviéramos nuestra propia casa, y ya ves, ha empeorado».



Así no hay quien se relaje

«Cada vez que vamos a casa de mis suegros, en su pueblo, se empeñan en que durmamos con la puerta del dormitorio abierta. ¡Y él obedece! Me lleva a lugares escondidos de la sierra para hacer el amor. El sexo al aire libre tendría morbo si no fuera por la imposición. Es en vacaciones cuando deberíamos disfrutar más del sexo». El testimonio de Leire, de 32 años, no es un caso aislado.
La aparición de una nuera desafía el poder materno. La suegra se siente intimidada por la independencia del hijo, ese hombre al que podía controlar, el que había mordisqueado sus pezones y ahora lame los de otra.  En muchos casos, el intento de dominar proviene de un miedo inconsciente a perder al hijo o a la hija, a enfrentarse al nido vacío y de una falta de independencia emocional.
Por muy seguras que se sientan de sí mismas, la mayoría de las mujeres actuales necesitan el refuerzo positivo de un novio o marido fuerte que sepa enfrentarse a su madre. De lo contrario, ellas no se sienten respetadas y las tácticas separadoras pueden destrozar la relación. Un hombre que es visto por su mujer como un pelele de la madre puede perder ante ella todo su atractivo erótico.
Septiembre es, junto a enero, uno de los meses en los que se produce un incremento de rupturas de pareja. Si la relación no pasa por su mejor momento, me temo que pasar las vacaciones con la familia no será el mejor de los planes. Todavía estáis a tiempo de cambiar de rumbo o, al menos, de alquilar un alojamiento que os ofrezca más intimidad.

relinks.me/B01FRCCST6




lunes, 22 de mayo de 2017

Sexo a cualquier edad


Hace unos años, después de ofrecer una charla sobre sexualidad en uno de los congresos al que fui invitada como conferenciante, se me acercaron dos mujeres con uno de mis libros publicados para que lo firmara. Aprovecharon la ocasión para preguntarme por qué mi obra recogía tan pocos testimonios de personas mayores, si se trataba de un síntoma de pérdida de interés por el sexo. Les dije que no, que, en realidad, la escasez de testimonios de personas de edad avanzada sólo se debía a que eran pocas las que conseguían expresarse por escrito en esas generaciones, y mucho menos ante un ordenador personal.
Me explicaron que trabajaban en una residencia para personas mayores y que se habían percatado de que los entrañables abuelos y abuelas aprovechaban la calma nocturna para colarse en las habitaciones de sus compañeros, con quienes habían ligado durante el día. Me encantó saber de esas correrías nocturnas, y me pregunté qué dirían de ellos los nietos adolescentes, esos estudiantes que tienen en vilo a los profesores durante los viajes...
Unos meses después, acudí al programa de televisión de TV3 Banda ampla, que aquella noche trataría de ‘Las edades del sexo’ y en el que muchas de las parejas ya mayores se quejaban de que, cuando al fin disponían de tiempo, de espacio sin hijos y habían perdido el temor a los embarazos, los hijos les pedían que cuidaran de los nietos, por lo cual perdían de nuevo la intimidad.



Que nuestra sociedad utilice expresiones como «viejo verde» demuestra que todavía quedan tabúes por romper, y que la sexualidad en ese periodo que llamamos «tercera edad» es uno de los que se mantiene en pie con mayor firmeza, como si al jubilarse del trabajo, uno tuviera que retirarse, también, de la vida.
El sexo es un ejercicio cardiovascular que reduce el colesterol y oxigena el tejido y los órganos vitales, refuerza nuestro sistema inmunológico y eleva nuestra estima. Un ejercicio que no tenemos por qué abandonar cuando nos hacemos mayores.
Para continuar disfrutando de la sexualidad sin que los achaques de la edad interfieran en la satisfacción y el placer, es recomendable reforzar los músculos que intervienen en tan gozosa actividad. En las mujeres evitaría problemas como la pérdida de orina, y para los hombres es una buena gimnasia que ayuda a controlar la eyaculación. No esperes a hacerte mayor para comenzar a cuidarte, y recuerda siempre que las relaciones sexuales no deben limitarse a las estrechas fronteras del coito. Un hombre de 71 años, que a causa de la diabetes no siempre podía tener una erección, se olvidó de la penetración y comenzó a masturbar a su esposa. Fue entonces cuando ella disfrutó plenamente del sexo.




Fortalecer el PC masculino

Como explico en el libro para parejas Sedúceme otra vez, los terapeutas proponen este ejercicio a los hombres para mantener en forma los músculos que intervienen en la erección: al inhalar, contrae el músculo PC como si detuvieras el flujo de la orina. Sostén la respiración y la contracción contando hasta tres, luego haz una extra contracción fuerte. Ahora, al mismo tiempo, relaja el músculo y la respiración.
Repite el proceso, al menos, 20 veces en la primera sesión. Puedes practicar el ejercicio mientras estás sentado, de pie, caminando o descansando. Aumenta cada día el número de repeticiones. Puedes comprometerte a realizarlo de camino al trabajo y también durante el regreso.

Ejercicios del PC para ella

Puedes combinar los clásicos Kegel (consisten en contraer el músculo pubococcígeo y luego relajarlo) con la respiración. La profesora de yoga Laura Herrojo sugiere que lo hagas tumbada de espaldas con los pies apoyados sobre la alfombra. Imagina que contraes las paredes de tu vagina al inspirar como si fuera un ascensor que asciende y se para en tres pisos. Inspiras y contraes, paras, exhalas sosteniendo esa contracción, vuelves a inspirar y a contraer para subir otra planta, espiras otra vez sin soltar la musculatura para alcanzar el tercer piso. Al relajar la musculatura tampoco lo haces de una vez, sino que bajas las plantas de una en una con el mismo ejercicio respiratorio.
Procura realizar estos ejercicios cada día durante diez minutos.

Existen muchos modelos de bolas chinas. Asesórate y elige el más adecuado para ti.

¿Has probado las bolas chinas?

«Yo compré unas y las probé una vez, pero ni me enteré de que las llevaba puestas», explica una treintañera. ¿Cómo las probaste, te quedaste sentada? ¡Por supuesto que no las notas! Para que las bolas chinas —también llamadas de geisha, Ben Wa o asiáticas— tengan algún tipo de efecto, hay que moverse: caminar, correr, llevártelas puestas al gimnasio, practicar pilates o cualquier tipo de ejercicio. Y si no las notas, es que tienes bien fortalecido tu suelo pélvico.
Como escribe la sexóloga Eva Moreno en su obra Mujeres, juguetes y confidencias (publicado por Planeta): «No, no vas a llegar al orgasmo con las bolas. Sería muy difícil, aunque no imposible... Digamos que te tomarás de otro modo la espera en la cola de la pescadería, o si vas al trabajo cuando sabes que tienes a primera hora una de esas soporíferas reuniones que monta el jefe para que le riáis sus chistes malos, tendrás algo más de lo que reírte, como si establecieras un juego cómplice contigo misma. Tú estás ahí, con tus bolas puestas, y nadie más lo sabe, y tampoco saben por qué te ríes con ganas».
Actualmente se está recomendando el uso de las bolas para fortalecer el músculo pubococcígeo (PC) y prevenir la incontinencia urinaria, al igual que hacen los ejercicios Kegel. Por cierto, ¡si los practicas con las bolas puestas su efecto es más intenso!
Los músculos PC son fundamentales para sentir placer sexual, por eso hay que mantenerlos en forma. Con el uso de las bolas te notas más sensible: prueba a tener sexo con tu pareja en cuanto te las quites. Puedes tenerlas puestas durante los preliminares y que sea él quien tire del cordoncito. Verás que estás hiperlubricada y a veces el acto de sacarlas suena como si descorcharan una botella de cava. ¿No tiene su gracia?


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jueves, 11 de mayo de 2017

¿Eres madre trabajadora y te sientes culpable?

Este artículo, publicado en el Magazine del diario La Vanguardia, fue el germen de mi primer libro: Soy madre, trabajo y me siento culpable. Bastó con colocar en las librerías un título con el que miles de mujeres se identificaban para convertirse de inmediato en un bestseller. Años después, continuamos con una lucha social, política y personal para alcanzar la conciliación de la vida laboral y familiar. Sin conciliación no es posible la igualdad de oportunidades. Pero también necesitamos recursos psicológicos que nos permitan calmar los miedos y los sentimientos de culpa. Por ello me decido a revisar esta obra y a ponerla a disposición de nuevas lectoras en edición electrónica que podéis conseguir aquí.


De vuelta a casa, tras ocho horas de rutina y tensión. A los cinco minutos de su llegada el niño empieza a berrear, desprecia el detallito que le trae y se niega a terminar la cena. «Pues ha pasado el día estupendamente», dice la canguro. Pero, si es la abuela quien lo cuida, prepara el misil y apunta donde más duele: «Te está castigando por no dedicarle más tiempo». En más de cien años de lucha, los movimientos feministas no han podido vencer aún el complejo de culpa que padece la madre trabajadora.
En la década de los 50 la sociedad americana comenzó a aceptar la entrada de la mujer en el mercado laboral y el reparto de las tareas domésticas entre los cónyuges. Había que inventarse algo para encerrar a la mujer en casita de nuevo, así que la psicología creó una imagen idealizada de la madre que a finales de nuestro siglo aún perdura. Así lo explica la socióloga Inés Alberdi en su obra La nueva familia española: «Tu hijo [del doctor Spock] se convierte en el libro de cabecera de generaciones de mujeres que van a sublimar en la maternidad sus fuerzas o energías potenciales para hacer otras cosas».
«Existe en el consciente colectivo de la sociedad el mito del instinto maternal como condición sine qua non para que una mujer se sienta completa. Esto hace que la madre se sienta muy culpable de cualquier trastorno psíquico que el niño muestre», explica Gemma Salamanca, presidenta de la Comisión de Psicología de la Mujer (Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña). El sentimiento de culpa comienza cuando finaliza el periodo de baja maternal y tiene sus momentos cumbre cuando el niño enferma y queda al cuidado de otra persona.

Fotografía de Pavel Prokopchik

¿Y qué pasa con el padre?

Desde los años 80 algunas campañas publicitarias ofrecen una imagen del padre protector muy diferente al de generaciones anteriores: sube al autobús con su bebé, lo llena de caricias y arrumacos, le da el biberón y cambia los pañales. La posibilidad de que sea el hombre quien pida la baja paternal es un reflejo del cambio producido en las parejas jóvenes y de las nuevas necesidades sociales.
Sin embargo, son las madres las primeras en considerar que el hombre es incapaz de cuidar al niño con el mismo esmero que ellas, especialmente en sus primeros años de vida. «Las noches en las que mi hijo enfermaba lo traía a mi cama y mi marido dormía en la del niño. Creía que él no podía controlar la fiebre del crío como yo lo hacía», así lo recuerda Cecilia, madre, profesora, presidenta de una ONG y separada. «Hace poco reñí a mi hijo por pasarse demasiadas horas delante de la tele; me dijo que no lo haría si yo pasara más tiempo con él en lugar de trabajar tanto».
El doctor Wayne W. Dyer, autor de Tus zonas erróneas, definía nuestra cultura como «productora de culpa». El ser humano experimenta este sentimiento desde la más tierna infancia y aprende a utilizarlo para manipular a los mayores. «Una conducta muy habitual es la de la provocación», añade Gemma Salamanca, «un niño puede percibir rápidamente ese sentimiento de culpa en su madre y provocarla cuando esta vuelve del trabajo, por ejemplo, con actitudes de desprecio hacia ella y manifestando una preferencia afectiva por la persona encargada de su cuidado cuando la madre no está».
La búsqueda de un espacio íntimo para la pareja también es importante en la salud psíquica de toda la familia. «Si los niños ven desde el principio que sus padres salen solos o con sus amigos adultos lo admitirán con naturalidad. El bienestar de la pareja repercutirá positivamente en el desarrollo de los pequeños», concluye Salamanca.
Es verdad que se han producido muchos cambios y que las leyes protegen cada vez más a las mujeres, pero, como dice Alberdi, la presión social «todavía amenaza la seguridad psicológica de las madres, pues la idea de abandono está siempre potencialmente presente y se utiliza para explicar cualquier problema o rasgo difícil del niño que aparezca en el futuro».

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